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12.10.09

Tails from Manchesta: vólium 2.

Bruno, el gavilán montañés le tenía ganas a Dick, el petirrojo. Lo persiguió por todo Camulodunu lanzando frases venezolanezcas, tales como "ió conozco tu zecreto, joán ramón!". Al final Dick se cansó de hacerse el difícil y voló derecho hacia un arbolito de Navidad, que se prendió fuego en el acto.
Clemente la libélula indigente, mientras tanto, empezaba a sentir el peso de la duda sobre su fágil exoesqueleto.
UhuhuHuHuHUHuh, pegó, re pegó, re pegó, re pegó, dijo Sir Cal de Endario. Al instante el "re pegó" se contagió a un grupo de hippies que almorzaba una ardilla en las afueras de la aldea, y estos, movidos por la urgencia fumancheril, se aspiraron todas las lechugas, todas. Jorge, el rebanador oficial de lechugas, entonces, tenía todos los motivos de la tierra para asesinar a Cal de Endario, en Camulodunu, donde los valientes se pellizcan los pezones entre sí para determinar su valentía.

18.4.09

Tails from Manchesta: vólium 3.

Offen, baqueteado como estaba, asomó su arrugada tez al granero donde conservaban las especias, y la gallina. Cuando estuvo cerca, escuchó un ruido de pasos inequívocamente humanos. Cómo habían engañado su sistema de seguridad, él lo ignoraba. Unos faloperos se habían fumado toda la Yerba Mate Taragüí y ahora yacían en el piso, flasheando. Offen gritó a su gallina: "SULTÁN, ATAQUE!"
Clemente, la libélula abierta de mente era, al mismo tiempo, aplastada por la duda.
La Señora Sexagesimal de los Vientos, que por aquél entonces intentaba insinuarse a un gavilán montañés que no le daba ni bola, oyó el fallecer de Clemente, y se embarcó en vuelo hacia Cumalot.

13.10.09

Tails from Manchesta: vólium 1.

La Señora Sexagesimal de los Vientos se balancea amablemente sobre un huevo. Un piturrí azul le habla de las profecías de las Esfinges, los planes de los Abetos y los cada vez menos pelos en la nariz del Mardigrás.
El conocimiento es como la energía en Woodwood, no se crea sino que se transforma, y para que la Señora Sexagesimal de los Vientos aprenda esa información, otros seres deben perderla. Este fue el caso de Clemente, la libélula ausente, que de repente dejó de saber cual era el sentido de la vida. Desafortunadamente, era el único ser vivo que conocía esa respuesta. No pasó mucho tiempo hasta que Clemente se topó con el susodicho interrogante, y en ese momento una pequeña duda nació en su diminuto abdómen.
Confundido y sumido en cabilaciones profundas, clemente se llevó por delante a Sir Cal de Endario.

5.4.09

Tails from Manchesta: vólium 4.

Mientras caía a la fosa, Sir Cal de Endario recitó todos los salmos y alabanzas que conocía, pero nada de eso le evitó ser destrozado por las esfinges al tocar el fondo. Las esfinges, por supuesto, ya sabían hace años de este suceso.
Allá en lo alto, jadeando sobre la línea de defensas de Cumalot, el rebanador oficial de lechuga se deleitaba con la escena. Su nombre era Jorge.
La Señora Sexagesimal de los Vientos sobrevolaba por aquellos momentos Woodwood, los bosques de madera. Se posó sobre una rama. Chupó la conífera, succionó el néctar, masticó la corteza. Digirió y excretó sobre un descapotable rojo que estaba estacionado abajo. Pucha, estoy vieja para esto, pensó.
Más tarde esa misma mañana un campesino epitelial de Camulodunu se despertó y puso la pava a calentarse. Sólo cuando chupó de la bombilla y sintió gusto a agua, gritó: "Vieja, se nos acabó la yerba mate."