Mostrando las entradas con la etiqueta Hipólito Yrigoyen. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Hipólito Yrigoyen. Mostrar todas las entradas

2.4.11

Hipólito Yrigoyen (recap) - Novedades

Hola amigos abandonados, si es que alguien todavía entra. Les traigo algunos posts inéditos que quedaron en el pasado, sólo porque, afrontemoslon, estoy dejando Yoleíhu, y sin YO, no hay LEÍHU. (?¿?¿?¿?¿¿? ayuda donde estoy?).

Por el momento quisiera hacer un recap de todo lo que hay de Hipólito Yrigoyen, uno de nuestros personajes más recurrentes y queridos. Hay dos sagas de Hipólito sin terminar, y varias aventuras standalone. Vamos allá:

Saga de la Flor de Mina:

  1. Hipólito Yrigoyen, Investigateur Privaté
  2. Hipólito Yrigoyen y la Piedra Filosofal
  3. Hipólito Yrigoyen: las Dos Torres (recién publicado)
  4. Hipólito Yrigoyen: la venganza del Sith (inedito)
Saga 24:
  1. Hipólito 24: Parte Uno
  2. Hipólito 24: Parte Dos (inedito)
  3. Hipólito 24: Finale (inedito)
Standalones:
También les anuncio, porque si estás leyendo esto probablemente seas un Yoleihooligan de la Vieja Guardia y entres por nostalgia, y te merecés saber la verdad: últimamente estoy usando drogas blandas, como el queso de untar Milkaut y marihuana, y llevo un blog bajonero para mis amigos, cuya URL no puedo divulgar. Ahí verán mas pelotudeces mías (y mucho más seguido) que aquí.
También tumblreo bastante últimamente: http://nacholabs.tumblr.com.

En fin.

Hipólito Yrigoyen: las Dos Torres

Repasemos la evidencia, se dijo Hipólito Yrigoyen, sentado sobre dos litros de helado de pesto y albóndigas. Tenemos una virginidad robada y una señora que se llama Tita que sabe más de lo que dice.
Justo cuando Hipólito se levantó de su escritorio en blanco y negro para darle una visita a la intrigante extranjera, sonó el Nokia, connecting people. Era un viejo amigo de la academia de pelucía llamado Fabián Pianola. Lo invitó a tomar la leche. Esperá que le pregunto a mi mamá.
- Mamááá! ¿Puedo ir a tomar la leche a lo de Fabián?
Dice que sos un degenerado. Ya salgo para allá.

- Hola Fabián.
- Hola Amanda. Pasá.
- No me llamo Amanda.
- Perdón, estoy resfriado.
Fabián nunca fue el mismo depues de trabajar en la pelucía estatal, donde habia pasado 20 años requisando pelucas a los personajes más bizarros. Ahora se dedicaba a acosar viejas por dinero. Su aspecto era el más patético por lejos: chancletas de sudafricano, camiseta empapada de lo que parecía ser escabeche, un tatuaje que representaba un ganso copulando con un cono de tránsito bajo la leyenda "que no se repita lo del '87" y un estrafalario collar de ópalos.
- Asdffggsasdf.
- Sfsdfgas.
- No es cierto, nunca toqué a esos deliciosos niños.
- Tengo hambre?
- Eso no es una pregunta che.
Zas! Una baldosa se suelta del techo y aterriza sobre nuestro Hipólito, quien balbuceó alguna pelotudez acerca de la Virgen María y se desvaneció.

Lo despertó una extraña canción en un idioma extraño, símil a un travesti arañando un pizarrón.
- Es suficiente, Tropicaño. Puedes retirarte. - El travesti hizo una reverencia majestuosa (ocasionando un desplazamiento tetoidal), y se retiró, ahora con una teta en la espalda, y llevandose el pizarrón consigo.
- ¿Donde estoy? ¿Qué es el amor? ¿A qué hora comemos?
- Me temo que sólo puedo responder dos de esas preguntas, mi amigo. - la misma voz que había desechado al travesti habló de nuevo. Nuestro Hipólito abrió los ojos, y vio a un señor muy gordo sentado tras un escritorio en una oficina muy grande y lujosa.
- ¡Gómulo Obá!
- Nos encontramos nuevamente, Yrigoyen. Creí que te había destruído en la Isla Pomodora hace todos esos años.
- Ah, pero no contaste con que yo guardaba una paleta de ping pong bajo la manga.
- Ya veo... un error que no volveré a cometer, sin buda.
- Querrá decir sin duda.
- No. Entiendo que buscamos la misma cosa. La Flor de Mina.
- Hum, no, yo busco la virginidad de la señorita Dunst.
- Exacto. Ella fue desflorada. Le robaron su flor. O mejor dicho MI flor.
 Hipólito pestañeó repetidamente. El parquet de caoba le devolvía su reflejo confundido. La luz de una claraboya hacía reflejos de ensueño sobre las columnas de mármol egipcio.
- Che Shrek, escoltá al señor Yrigoyen a los calabozos.
De entre las sombras surgió un hombresote con dejos de orco a quien Hipólito recordaba vagamente de algún lado.


Sábado

El gran Hipólito había resistido una noche sentado en un colchón húmedo, no pudiendo urdir más que ideas flojas para su libro, cuanto menos extrañas, por ejemplo: "una milanesa de soja me observa desde el rincón", o "montábamos con alegría un cefalópodo hermoso y terrible. soy Batman.".
Golpes y tortellazos estallaron, de repente, del otro lado de la puerta que muy antigua era. Por debajo de la misma se deslizaron las llaves de la celda. Cuando Hipólito salió a la despensa sucia, se encontró cara a cara con el camionero ogroidal. Por un momento se miraron, y luego alguien patió al hombre hacia dentro de la celda, y la cerró con llave. Ese alguien era la talentosa señorita Kirsten Dunst. En su mano, una medialuna.

20.3.10

Hipólito 24: Parte Uno

"Vea señor Yrigoyen, tiene usted cálculos renales. Ultimamente se juntó con algún negro o bicho por el estilo?"
Ay dios mio, pensó nuestro Hipólito Yrigoyen Investigador Privado, lo sabe, sabe lo de mi plantación de algodón.
"Oh, pues no, no sé cómo llegaron esos cálculos ahí señor Doctor Morisqueta"
"Pues ¡válgame! la operación requiere de estos tres ítems, muy difíciles de encontrar. Si me los trae, puedo hacer desaparecer sus problemas de un solo movimiento sexy. Si se demora más de 24 horas, tendrá que orinarlas, y podría ser difícil ya que tienen el tamaño de pelotas de tenis."
"Con Dios como mi testigo, soy Hipólito Yrigoyen y mañana tendré los 3 items."
"¡Valgame!" repitió el Doctor Morisqueta, mientras se untaba un pollo con dulce de leche usando el escalpelo.

23 HORAS
El primer ítem en la lista dice: "transudaca surreal". Hipólito sacude el puño a los cielos. Maldita sea, dice para si mismo, justo ayer un transudaca surreal ofreció limpiarme el vidrio de la carroza y le dije que no tenía monedas.
Si la carroza victoriana de Hipólito era su Batimóvil, un niño mexicano llamado Paco era su Alfred y una foto pegajosa de Luisana Lopilato era su Robin. Se subió de un salto a ella y salió a recorrer la ciudad en busca de un transudaca surreal. Transudacas había a patadas, el problema era el surreal.

22 HORAS
¡Piensa surreal! ¡Piensa surreal, Hipólito! En la distancia había un transudaca, una gigantesca carambola lo delataba. Se acercó tranquilamente Hipólito Yrigoyen y con suavidad le dijo:
"Un galpón balcánico pasa de ser babosa al burro galopante. Grandioso y enfermo."
El transudaca lo miró con asco y luego le cobró 50 pesos.

21 HORAS
Luego de mucho revolver, un transudaca generoso y compasivo, casi maternal, le muestra un pecho a Hipólito Yrigoyen. En ese pecho hay escrita una dirección. Ese sudaca era Felisa Buso, quien en el futuro sebará mate con Fabian Pianola, un antiguo amigo de Hipólito, en otra aventura.

20 HORAS
¡Ding Dong! Tocó timbre Hipólito en una residencia suburbana venida a menos y castigada por la mediocridad. De adentro provenía un fuerte olor a plástico quemado.
"我的阴道痛"
"No se lo tome a mal señora pero no le entiendo un choto."
"我看你知道古代的密码。通,我的年轻学徒。"
La china diminuta se hizo a un lado. Hipólito Yrigoyen pasó con una reverencia cuyo verdadero propósito era hacer lugar para un pedo que él creía muerto hace mucho ya.
La escena ante él era esta: un chino gordo y con cara de ir por el cuarto ataque cardiovascular le lanzaba frituras a la pantalla del televisor, mientras en la parrilla parecían estar cocinando un calzado deportivo de algun tipo, esa seria su cena. La anciana señaló al patio trasero, y allí, en el medio del pasto había un transudaca sentado en la oscuridad, cabizbajo. Hipólito Yrigoyen se sento a su lado.

"Qué te pasa amiguito?"
"Elsa... Elsa lame el salame! Lo lame, entiende?" la criatura parecía al borde del llanto.
"Vamos muchacho, hay muchos salames en el mundo, no te pongas así."
"Quiero mi bombón :'( "
"Este bombón... es un bombón asesino?"
"Convicto 3 veces."
"Bueno tengo buenas noticias para tí entonces. Yo mismo maté a unos cuantos chinos en una aventura anterior."
"¿Serias tu mi bombón asesino?¿De veritas?" sollozó el transudaca surreal.
"Claro que sí primor. Recoje tus cosas y vamoslón."
Pero al darse vuelta, los 2 chinos y sus 6 hijos reducidos por la desnutrición lo miraban con la ira en sus ojos. Oh oh, pensó Hipólito cuando a una velocidad furiosa dedujo que los chinos que había asesinado en su aventura anterior habrían de ser familia cercana de éstos.

11.2.10

Hipólito Yrigoyen y el medio-caso Esponjamojada

Hipólito se encontraba acurrucado debajo de su escritorio con los dedos fríos (porque no había pagado el gas) y el teclado de la PC. Tipeaba una letra a la vez su proximo libro; ya iba por el vigésimo séptimo capítulo, "formas de ganar peso con una dieta macrobiótica" porque su editor le había dicho que apelar a los anoréxicos vegetarianos con desnutrición de centroamérica era un éxito garantizado. Irrumpióse en su habitación un hombre de mediana edad. Le faltaba la mitad derecha del cuerpo (¿MI derecha o TU derecha?). Como reemplazo inflaba su camisa y pantalón con globos de ULE, por lo que mientras caminaba rechinaba de forma irritante.

- Vaya vaya! - exclamó Nuestro Hipólio Yrigoyen - En el pasado un señor me pidió que encontrara su media naranja. Me tomó meses pero finalmente encontré una verdulería abierta a las 3 AM. Su caso, sin embargo, señor Esponjamojada, resulta más interesante (y si me lo permite, más sexy). ¡Lo acepto! Vuelva mañana.
Hipólito salió a grandes pasos de su oficina. El Medio Señor, que no se llamaba Esponjamojada, no supo qué hacer. No había dicho ni una sola palabra.

ESA NOCHE, EN MALASIA...

¡Trabajad!¡Trabajad! Tzu Tzana azotaba a los huérfanos para que cosieran esas zapatillas más rápido.

DE VUELTA EN LA CIUDAD DE El Concho, AL OTRO DIA...

- Señor Esponjamojada, los resultados son inesperados, proceda a su propio riesgo. Una búsqueda ferviente en Poringa me reveló que su mitad faltante fue encontrada nadando en círculos en la Bahía Alegría, setentaydonga kilómetros al norte de aquí. Así que fui y la recuperé por usted. ¡Y aquí está!
Hipólito Yrigoyen liberó un atado de globos. El Señor Esponjamojada se liberó de su mitad sustituta, hecha de precarios carne y hueso, y se reunió con su mitad original.
En el camino de salida se raspó con un cosito y CABÚM, ese fue el fin del Señor Esponjamojada.

El medio cuerpo humano que quedó atrás, sin embargo, tenía un billete de 5 pesos en el bolsillo. Lo justo para un yogur y un paseo en el parque. Y para pagar el gas.

16.1.10

Hipólito Yrigoyen y el caso de Nana Manisquilla

Hipólito Yrigoyen se agazapaba en cuclillas detrás de un cartel de neón que rezaba "Drink a Trombi". Hipólito Yrigoyen buscaba una posición cómoda; un reciente caso acerca de una virginidad perdida le había dejado la colita como un hamburgefontsiv. Hipólito Yrigoyen se preguntaba quien lo mandaba a realizar estos encargos, y al mismo tiempo comprobaba la munición de la submachinegun recortada. Hipólito Yrigoyen hacía todo esto porque del otro lado del burdel, 4 chinos lo estaban acribillando a tiros.


Hipólito, con la rapidez propia de un presidente, disparó una ronda entera por sobre el cartel sin siquiera ver a dónde apuntaba. Había oído en cierta ocasión que cada minuto, morían 4 chinos por heridas de bala: las estadísticas estaban de su lado.
Silencio fue lo único que siguió, y nuestro Hipólito aventuró una rápida mirada a sus espaldas: los 4 chinos estaban muertos, y desnudos por alguna extraña razón. Sólo un pequeño simio que no tendría más de 6 meses quedaba con vida, abatiendo dos diminutos platillos, con los ojos enormes y llorosos como queriendo dejar todo este horrible episodio atrás.

- Vuestro padre siempre os dijo: ¡resguardar la retaguardia!
¿Por qué hablaba con acento de Cataluña si era chino? Hipólito, nuestro Hipólito, no tuvo tiempo para atisbar ni un croquis mental de respuesta coherente: una cazurla bien puesta lo dejó inconsciente.

* * *

- ...oronga larga como mi brazo, te digo que era monstruoso...
Hipólito captaba fragmentos de realidad, todavía muy embotado para percibir más que pantallazos, murmullos, una palmadita en las pompis o un chino de dos metros mirándolo con apetito.
- ...construyeron un hospital sobre la pierna derecha, hacía mucho que n...
Alguien lo arrastraba.
- Bueno, ¿y si lo ponemos en cuatro? Yo voy primero, despues vos. - Hipólito Yrigoyen recuperó vitalidad en un abrir y cerrar de pija:
- ¡NO!¡DE NUEVO NO!
- No de nuevo, decía... - confirmó uno de los chinos. Estaban en una oficina onda mafia, con una mesa de billar, un gran escritorio y un potus que.. un momento, eso no era un potus.
- ¡Marihuana! ¡Pero eso es ilegal! Mis institntos me dicen que no estoy ni en una tintorería ni en una cancha de paddle.
Lamentablemente a Hipólito le faltaba quorum, bastante quorum, porque era uno contra dieciséis. Maldijo a las estadísticas, las mismas estadísticas que lo habían ayudado a derrotar esos 4 chinos en el burdel.

* * *

Interludio

* * *

- Bueno señor Manisquilla, está todo en el resumen del caso, pero por ahora le diré que no debe preocuparse más por su abuela de 5 años, está en un lugar seguro y no tiene recolección de los sucesos. De hecho, piensa que es un bull terrier.
- ¿Va a tener una muerte digna y pacífica al menos?
- Lo dudo. El capataz es un hombre sin barreras.
- Bien, supongo que no hay nada que pueda hacer por mi abuela. Sus honorarios, señor Yrigoyen.
- ¡Con este dinero finalmente puedo salir de este vertedero!
- ¿Planea mudarse a Villa El Concho a buscar fortuna?
- No, llamar a un cerrajero; literalmente hace meses que estoy encerrado en esta oficina.


Bueno, esta historia tiene muchos agujeros, el más importante de todos: ¿cómo puede ser que haya entrado el señor Manisquilla a la oficina de Hipólito si la cerradura estaba rota hace meses? Y no tan importante: ¿cómo se libró Hipólito de sus captores y resolvió el caso de la abuela desaparecida? Especulen en los comentarios, el que se luzca se gana su lugar en este cuento.

25.11.09

Donde se cuenta cómo se conocieron Hipólito Yrigoyen y Fabian Pianola.

La mermelada sobre el puerco, y el ananá sobre la mermelada. Oh sí, ese sánguche sería supremo. Hipólito garabateó una instrucción con hermosas unciales nórdicas. Decía "acordate lo que pasó el 25/1", y lo enganchó arriba del sánguche una vez éste estuvo finiquitado. Lo puso en el congelador, que no funcionaba porque hacía tres meses que había dejado de pagar la luz.

Se escondió en una alacena y esperó. Momentos luego, el intruso abrió el congelador y deshechando la advertencia, se trincó el sánguche de un solo bocado. Pero atrás de él estaba Hipólito Yrigoyen invertigateur privaté con una sartén sucia. Rasguñóla con sus uñas y el sonido le dio como cosita al extraño, que se derrumbó.

- ¿Quién anda ahí? Identifíquese.
- No soy más que una humilde campesina de la Bombonera.
- ¡No es verdad!
- En ese caso soy un traumatólogo en busca de rodillas para operar.
- ¡No mienta, doctor!
- Entiendo. Soy Alfredo Zitarrosa.
- Tenga una guitarra y toque.
- Vale, le diré la verdad. Soy el Presidente.
- No le creo.
- Bueno pues, tengo amnesia.
- No se haga el puto, yo sé a la perfección quien es.
- Puedo pagar por su silencio, puedo pagar con oro.
- No es oro sino crema humectante lo que ando necesitando.
- Lo lamento, no me queda.
- Es un juego muy peligroso el que está usted jugando.
- Falta envido.
- Quiero. Cuánto tiene?
- Jaque mate.
- ¡Maldigo mi suerte!
- Bueno hombre, le pasa a cualquiera.
- Le propongo que dejemos esta charada. Los dos sabemos a qué ha venido.
- Si señor, he venido a proponerle un caso.

Los ojos de Hipólito se ensancharon y su perineo se contrajo y relajó varias veces. La irrigación sanguínea al cuero cabelludo se propulsó y su coxis comenzó a girar en redondo, lentamente, muy lentamente.

- Lo escucho. Pase a la oficina y fúmese un buen Álvaro. Digo habano.
- Se agradece. Se trata de mi mujer. Sospecho que me está engañando.
- Todas engañan. Caso cerrado.
- Muy bien cuánto le debo?
- Por favor caballero, la primera es gratis. Avíseme cuando se vuelve a casar.
- El sábado por la mañana.
- Ya lo sabía. Vea, yo trabajo de esto señor.
- :O
- Y ella también lo engaña. Serían 70 libras esterlinas.
- Tenga. Le devuelvo su sánguche también.

Y tras dejar un charco de putrefacción estomacal en el medio de la alfombra, Fabián Pianola se despidió con una reverencia y un fáquiu.

1.12.08

Hipólito Yrigoyen y la Piedra Filosofal

Si yo fuera una virginidad, ¿dónde me escondería?
Esto se preguntaba Hipólito Yrigoyen, investigador privado, a quien una damisela había puesto tras la pista de su virginidad perdida. Ésta damisela iba por el nombre de Kirsten Dunst, y le había dejado un cuaderno de notas con sus propias averiguaciones, que sólo decía esto:

Club Nadatierno (jueves a las once)
Preguntar por Tita.
Por adelante sí, por atrás nunca.
Hay nunchacos bajo la escalera, ojo al piojo.

Hipólito Yrigoyen se puso el abrigo con torga incluída y salió a tomar un café para aclarar las ideas.
Luego del sexto vodka con coca lo vio todo más claramente que nunca. Luego del séptimo lo perdió.
A su derecha, un pelado se rascó la nutria. Misterioso.


Lunes
Hipólito Yrigoyen se dedicó a interpelar gente por la calle de forma azarosa. Tuvo que golpear repetidamente a un infante, pero le sonsacó un dato valioso: el Tri-shot salía sólo un peso cincuenta en el almacén de la esquina.
Comprobó este dato momentos más luego.

Martes
Hipólito se dió a la confección de su best-seller. Escribió tres capítulos: el capítulo dos hablaba durante cuato páginas de comprar una mandarina en gajos. El capítulo tres sólo contenía dos palabras ("pero entonces") y el capítulo cinco decía "me salto el cuatro porque soy re loco". Hipólito casi podía sentir el olor a papel moneda inundando su patético hábitat... este libro haría historia.

Miércoles
Almorzó una lata de chícharos en almíbar.
Mandó a hacer una averiguación del nombre Kirsten Dunst. El tipo lo miró y le dijo "me está jodiendo?" y a continuación le cobró seiscientos dólares.
Pasaron Scrubs.

Jueves
La gran noche. Fue al Club Nadatierno, a las once. El Club Nadatierno era un lugar de proporciones glamorosas, con neones exhuberantes y carteleras atractivas.
Hipólito Yrigoyen se encontraba apreciándolo desde la vereda de enfrente. Una alcantarilla lanzaba vaho a la noche. Hipólito lanzó su cigarrillo una vez que lo terminó, y se aventuró al Club.
Música de burlesque y risas obscenas azotaban desde todos lados. La iluminación era pobre, pero se adivinaban extraños sucuchos privados hundiéndose en cada pared, ideales para apuñalar a un hombre entre el segundo plato y el postre.
Hipólito se sentó en la barra y pidió un tarro de agua sucia, el especial de la casa. El barman sacó un tarro pre-llenado de agua de zanja, escupió con habilidad en su interior y se lo alargó a Hipólito, quien tras un rápido "gracias a vos", comenzó a beber el misterioso trago.
- Dígame, buen hombre... - pronunció con cuidado Hipólito, con una rápida mirada cómplice al cantinero.
- Si, señor?
- Necesito hablar con Tita.
- ¿Tiene que ser Tita, señor?
- Absolutamente.
- Mire que hay Rodhesia eh.
- No, Tita.
- Acompáñeme al fondo, señor.
Hipólito recordó las palabras "por adelante sí, por atrás nunca" y lo pensó mejor.
- Nada de eso. Que ella venga para acá.
El cantinero sonrió como diciendo "a este lo previnieron, picarón" y desapareció en la trastienda al grito de "si alguien es macho, que abofetee al de la izquierda". Ruidos de golpes atronaron el bar. Mientras que a la izquierda de Hipólito no había nadie, a la derecha había un camionero con aspecto de orco, quien con una urgencia violenta atravesó de lado a lado la cara de Hipólito con su contundente palma.

Hipólito despertó algunas horas más tarde en el suelo. Una señora cubierta de joyas hacía break dance sobre el escenario. El orco le lanzaba botellas vacías, que eran evadidas con gran habilidad, y en algún lado alguien azotaba una pianola sin vergüenza alguna. Claramente la noche se había ido a la mierda.
Hipólito Yrigoyen se incorporó con la convalecencia del salmón que se sube a la cabeza de una jirafa.
A sus espaldas, tosió una dama gorda de rasgos caribeños, con un peinado estroboscópico erguido hacia arriba a tal punto que parecía más la obra de un jardinero que de un barbero. Llevaba un chal verde con cuentas de ópalo y chancletas Kalvin Klux Klein.
- Soy a quien en este mundo llaman Tita.
- Estoy en busca de la virginidad de la señorita Dunst.
- Eso lo puedo ver... pero ¿sabes qué es exactamente lo que buscas?
- Si lo supiera hubiera usado Google, ser de la noche de extraño peinado.
- Puedo darte más información, pero esta información tiene un precio.

Viernes
Hipólito Yrigoyen se levantó con el ano en llamas. Sus últimas horas de lucidez eran un gran borrón de inciensos y lociones de aspecto mohoso.
Cualquiera que hubiera sido el precio, había sido muy alto.
Cuando iba camino al baño para hacer un control de los daños, algo le llamó la atención. Era una llave.

20.11.08

Hipólito Yrigoyen, Investigateur Privaté

El ventilador oscilaba perezosamente dando la idea de un imaginario diálogo entre él y la habitación que era algo así:
- Da frío, hijoetumadre!
- Fpdaaah, me da mucha paja.
En el cuarto solo había seis objetos: un escritorio, una silla, una máquina de escribir, un perchero, un ventilador y un Hipólito Yrigoyen. Además, todo estaba en blanco y negro.
Una hoja en la máquina de escribir decía:

"Comprar batata.
Comprar un cáctus.
Comprar manteca.
Fin del capítulo uno."
Iba a ser un best seller.
Justo cuando a Hipólito Yrigoyen se le ocurría un impredecible giro de la trama que tenía algo que ver con comprar una mandarina en gajos, alguien golpeó a su puerta.
- ¿Quién golpeó a mi puerta? Puerta, ¿estás bien?
La puerta, por toda respuesta, se abrió, y en el marco se veía ahora la figura gris de una ama de casa desesperada.
- Sony Entretainment Television es el 41, señora.
- La pija!
Hipólito supo que se las veía con una experta en negociación y diplomacia.
- Calmesé, Doña. Siéntese en el perchero.
Esto hizo la señora.
- Disculpe las incomodidades. ¿Lubricante? Lo que pasa es que arriba dice que sólo hay una silla en la habitación, asi que le ofrezco el único mueble disponible.
- Comprendo. Son tiempos de guerra.
- Eh.. no.
- Comprendo.
- En qué la puedo ayudar?
- Es usted detective?
- No.
- La pija! - repitió la alborotada señora, y el caño del perchero sobre el cual estaba sentada se hundió unos centímetros más en su sistema digestivo.
- No desde aquél horrible accidente.
- Perdí algo muy valioso, señor Yrigoyen. Y lo quiero de vuelta.
- ¿Qué perdió señorita?
- La virginidad.
- Usted se subio a ese perchero por desicion propia.
- Sucedió anteayer.
- Por qué se tardó tanto en acudir a mí?
- Estaba horneando un pastel.
- ¿Cuándo estará listo el susodicho?
- En mayo.
- Lo quiero como parte de mis honorarios.
- Me temo que no puedo permitirlo, ese pastel pertenece a una herencia familiar que se remonta hasta los tiempos de Chisos Cráist.
- Sólo una pregunta más.
- Dispare.
Hipólito Yrigoyen contuvo el impulso. Verán, aquél horrible accidente no fue tal, sino que fue una situación bastante parecida. Solo que sin pensarlo Hipólito disparó y por una desafortunada coincidencia, su bala fue a parar al tanque de nafta del Jefe de Policía. El hombre explotó y eliminó a los jóvenes cadetes a quienes usaba como medio de transporte.
Hipólito volvió a la realidad.
- De qué es el pastel?
- Manzana.
- Roja o verde.
- Me temo que no puedo decírselo, señor Yrigoyen.
- No será fácil esto.
El ventilador respondió:
- Fdsfgdaaaaaah, sabes por qué no doy frio? Porque hace ocho meses que no hay luz.
Comprar desodorante.
Fin del capítulo uno.