10.2.09

País de Sub

Siguiendo las instrucciones escritas en una galleta de jengibre, Pergo se zambulle al estanque con los corales de ejemplares de Ovejero Alemán. Unas curiosas flores de tallo violáceo, con pétalos rojos y pistilos con pequeños ojitos en las terminaciones siguen sus movimientos atentamente, pues Pergo es la primer especie foránea en visitar el estanque en unos cuantos millones de años.
Ahí, en el fondo del arrecife literario hay una entrada grutal, a donde Pergo penetra sin más, como siempre, sin ningun motivo en absoluto. Metros más abajo, la gruta se transforma en abismo, pues algunos bucles del túnel logran cerrar camino a cualquier rayo de luz de la superficie.
Pergo, guiándose por el mero tacto, termina encontrando aire en una cisterna que no tiene eco.

Cletus, por su parte, sufre el proceso inverso. Mientras el aire abunda en el desierto de Secovia, el agua es un bien sólo reservado para el Mardigrás de Carlbabia, quien porta una botellita de Paso de los Toros consigo. Momentos antes de que el Segundo Hombre en Armas se desplome por cáncer de piel, una lluvia cae, arrastrada por el viento desde Tuctú y pone en sus oídos palabras en un idioma desconocido de inflexiones gráciles y diptongos huecos.
Dieciocho axilas (la axila es la medida estándar en Carlbabia) más adelante, los soles terminan abruptamente, relegándose ambos tras la figura de la montaña.

Achís, dice Pergo, y estornuda debido a la oscuridad. Inmediatamente la cisterna queda iluminada por unas raíces corpulentas y nudosas recubren la cámara de piedra desde el piso hasta el techo, como enredaderas subterráneas, destellando con un hipnótico fulgor oscilante turquesa.
El habitáculo en sí es amplio como un país pequeño, y está poblado de diminutas ínsulas que aquí y allá sobresalen de la superficie del agua. Algunas son pebetonas, mientras que otras son altas, y describen un suave arco hasta el techo. Algunas, incluso, tienen más de aquella extraña vegetación radiante. Ondas escapan alejándose de los islotes, y juguetean en los intersticios.
Pergo halla su camino hacia un montículo de notorio parecido a Morgan Freeman, y se prepara una pequeña merienda. Con un café con leche humeante en su mano, comienza la difícil tarea de poner nombres a cada una de las 411 islas.

2 comentarios:

Hermana de SDU-7 dijo...

"Pergo halla su camino hacia un montículo de notorio parecido a Morgan Freeman" JAjajjajajajajajajaja, Morgan Freeman....

Ramiro123 dijo...

Awwwnnn ^^
Extrañaba Yoleihu =)