19.12.07

Aventura Vaticánica, Conspiración de Payasos y un Flaco Encapuchado que Vende Panchos Encubierto

Hola. No posteo mucho ni muy extenso por dos razones:

Hace una semana más o menos me enteré de que la iglesia ortodoxa celebra la Navidad el 7 de enero, que es mi cumpleaños, porque los ortodoxos rechazaban el viejo calendario juliano y seguramente si fuera Dan Brown escribiría una novela de aventuras con una sarta de hechos poco conocidos en la historia del catoliscismo. Como no tengo pera de culito, asumo que no soy Dan Brown y sigo contando mi historia.
Ok, así que me entero de esto y me shockeo. La noticia me golpeó, me pintó una pija en la frente con indeleble y se dio cobardemente a la fuga.
Ahi mismo, en el lugar donde estaba, me di cuenta que mi vida peligraba: esta información podría destruir la fe en la Iglesia y también podría tirar abajo la imagen de bondad que los payasos a duras penas vienen manteniendo. ¿Cuál era la relación de los payasos con la Iglesia? ¿Había tal relación?
Salí corriendo del Sex Shop y lo primero que ví fue una figura observándome desde un puesto de panchos. Me escondí detrás de un poste de luz, pero cuando recordé que mi grosor excedía en varios metros al grosor del poste, miré, y el Flaco Encapuchado había desaparecido, dejando calentitos los panchos.

Tenía que aclarar este asunto. Saqué los ahorros de mi vida: ocho dólares y una polilla llamada Betty. Compré un pasaje a el Vaticano. Deseé, por un momento, que mi Aventura Vaticánica fuera Baticánica, con Be larga, para poder conocer a Batman, pero en ese momento la azafata me interrumpió mis pensamientos:
"Señor Nacho, estamos llegando a Singapur."
Antes de que yo pudiera decir nada, me puso un espejo enfrente, y al ver lo que le habían hecho a mi cara, me desmayé de horror.

El horror...

Desperté en una habitación a oscuras. El recuerdo de mi barba teñida de un tono de rosa más gay que la DS de César pulsaba todavía en mi cerebro. Debieron hacérmelo mientras yo resolvía aquel sudoku...
Pero quiénes? Y por qué? De pronto me di cuenta: los payasos.

Una puerta se abrió, y entraron dos hombres.
"Sabes cosas que hacen peligrar nuestra fé."
"Dónde estoy?", dije yo.
"En el subsuelo del Vaticano. Te trajimos para que te conviertas... o mueras."
Tragué saliva. "Morir como Jebús?", pregunté tímidamente.
Se miraron y se rieron.
"Si, claro... muerto." Caminaron a la salida.
"¿Qué tienen que ver los payasos en todo esto?" pregunté desesperado.
Lo último que recuerdo de ellos fue su cara de desconcierto. Obviamente yo acababa de decir una estupidez.

Al día siguiente vinieron a ver si ya era creyente, pero yo estaba preparado. Les lancé una blasfemia, y ellos cayeron de bruces, consternados. Sus sensibles oídos habían sido sodomizados salvajemente por mis putiadas, un arte que aprendí en mis años con Ramireo.
Corrí a toda velocidad con mis manos todavía atadas al respaldo de una silla.
Salí por una puerta que daba a un patio lleno de monjes. Intenté derribarlos gritando "ABORTO", pero eran monjes ya, digamos, nivel 20.
Me miraron y me enfrentaron. Algunos se enroscaron un rosario en los nudillos a modo de manopla.

Entonces les conté lo que sabía. Les conté que, según los ortodoxos, nací el mismo día que Jebús, y ante la mas mínima, ínfima posibilidad de que yo pudiera ser la resurrección, se echaron todos a llorar. Crucé el patio al grito de "APOCALIIIIIIIIIIIIPSIS" y cuando estaba a punto de salir, un vehículo se puso en mi camino, un vehículo de vidrios blindados dentro del cual iba el mismísimo Papa. Estaba frente al Papamóvil.
Ratzinger salió por arriba, y antes de que yo pudiera reaccionar, me bañó en agua bendita.
En ese momento sentí que mi piel se quemaba, y el dolor era sólo comparable a pegarle una patada a una mesa en la oscuridad con el dedo chiquito del pie.
Mientras, mi ropa se desteñía, mi barba volvía a su color normal, mis zapatillas se desintegraban. Y fue entonces cuando viéndome con el pelo planchado, la barba desprolija, la ropa clara y las sandalias rotosas, el Papa se dio cuenta que acababa de empapar a Él (en lo que más tarde me enteré que era agua bendita con una considerable cantidad de ácido nítrico y amoníaco).

Ahora estoy reportando esto desde un cyber del Vaticano, pero me tengo que ir porque resulta que todos acá se porrean, y me están invitando a fumar un vaticaño (aunque si se enteran que hice este chiste tan malo, capaz me crucifican).

Ah y la segunda razón es que a pesar de haber vivido una novela de Dan Brown, no me comí a Audrey Tautou al final, asi que estoy algo caliente. Nunca más supe del Flaco Encapuchado, pero sospecho que pronto sabré más...

4 comentarios:

Gato López dijo...

*P
**R
***I
****M
*****E
******R
*******O

BSOS!!11111111111111111111111111111111111111111111111

Ramireo dijo...

JAUJAUJAujaUAjuaJAujAUAj

PARTES ESTELARES Y COSMICAS:

ºla polilla llamada BETTY XD

ºun rosa mas gay que la DS de SESARRR XD

ºun VATICAÑO jaUJAujaUJAuaJUAj XD


... me parece o hay como un leve influjo de Ramiroonnn Bolsachon???

=D

Nacho dijo...

Claro que no, no seas ridículo.

Gustavo dijo...

Esos monjes level 20 se los enfrenta con fotos de Kylie Minogue en pelotas. Jamás superan la tirada de pajerosidad