28.10.07

Hoy fue un día como cualquier otro

Claro. Me levanté y me afeité la nalga izquierda para sentir la suave brisa del verano en mi joven trasero desnudo.
Corrí, medio de cabeza, en dirección a la cocina, donde me preparé un Diccionario con cereal: desayuno de campiones. La onda groovie estaba en el aire, así que tras varios intentos -no del todo exitosos- de correr por las paredes, abrí el vidette y escapé de la casa.

Ahhh, sabotear la propia vivienda es mas liberador que San Martín en un día festivo.

Unos cabeza' me esperaban en la esquina, pero yo, que iba vestido de naranja, no tuve miedo, y reboté hacia ellos, con expresión de Michael Fox.
No se amedrentaron. Era hora de sacar las armas grandes. Les lancé una pera. Dió de lleno en uno particularmente pequeño, era casi un peterrubín de piel morena. El peterrubín se tumbó y se deslizó, por reflejo, hacia una alcantarilla.
La reprimenda no se hizo esperar: la pera fue lanzada en mi dirección, pero yo, que ya conocía todo acerca de odontología, saqué de la nada mi raqueta de tenis y golpié la voladora pera, que se fragmentó en forma de bastones.
Le agregué azúcar y mayonesa al vuelo, y sacié mi hambre como quien no quiere la cosa.

Oh, pero la quería, y de qué forma.

Dancé en dirección contraria, a veces al ritmo de la rumba que sonaba en mi cabeza, a veces al paso de los bocinazos dirigidos contra mi Persona (dado que estaba en medios de Una calle o dos).
Al grito de "PSICOFÁRMACOS" penetré en una farmacia, y me hice de pastillas de todos colores. La vieja que atendía me las proporcionó con felicidad.

"Baila, hijo, baila hacia la felicidad", me dijo. Estas viejas no tienen precio (excepto en ciertas horas, en ciertas esquinas).

Subir los equipos pertinentes a la terraza y poner música de Junior Senior para el bien de la Humanidad fue cosa de segundos. Defenderme de los vecinos, la policía y un par de pandas que se enojaron porque, segun ellos "estamos casi extintos y es por su culpa", fue otra cosa.
Finalmente el mismísimo Jehová bajó de un helicóptero, y tras firmarme un póster, tuvo que aceptar la derrota.
¿Qué derrota? dirán ustedes.
La que te patió las pelotas.
No es gracioso, pero rima. Jeohvá, como sea, se rió como un narcoléptico, y en un momento de descuido, le afané la blusa, y desde entonces la gente me dice que me visto como los Dioses.

Hoy ya es otro día. El sol me saluda con palabras como "patrañas" o "mixamatosis", y no puedo evitar sonreir de axila a axila: hoy será un día como cualquier otro.

5 comentarios:

Nacho dijo...

No me digan nada: ya sé que lo robé el estilo a Ramireo, pero no me importa.

guillote dijo...

jajajajajaj re flashero... jojoo.. eso es flashear.. faa..

me encanto la sonrisa de axila a axila jajajajaja


chau

Ramireo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pendorchin dijo...

DIO'.

Daria lo que fuera por esa blusa.

Pero en color tomate perita.

Anónimo dijo...

buenisimo, la verdad que me encanto la onda flashera!