2.10.07

100 años de soledad

Era una soleada tarde de Playa en la ciudad de Regodela. La familia Patraña estaba disfrutando de las olas y el viento, sucundúm, sucundúm. Mientras Horacio, el padre y sustento económico leía los obituarios, Reberta, la madre y ama de casa de Peinado Tupido cocinaba un pastel sin ninguna dificultad, ni siquiera la de no tener utensilios ni ingredientes.

¿Y qué hacían los pequeños mostros? Bueno, Juliancillo y Juancillo estaban jugando a las muñecas.
- Barbie, me encanta tu color de pelo.
- Ay Ken muchas gracias.
- ¿Abajo tenes el mismo color?
Y salta el muñeco negro:
- Alto! Eso es acoso laboral!
- Ken, te voy a iniciar acciones legales.

No, mentira, ese último toque picantoso fue mi añadidura. Todos sabemos que Mattel no hace muñecos negros. Y que Barbie no tiene las patas más abiertas porque es un muñeco de plástico. Bueno prosigo con el cuento Para Toda La Familia.

El abuelo se hallaba tomando sol en su Silla de Ruedas Todo Terreno. Sus carnes, fláccidas. Sus vellos, escasos. Con sus lentes culo de botella podía distinguir los gérmenes en los granitos de arena, y fue con ese mismo aumento que divisó un bañero en peligro. Estaba siendo alcanzado por el guardavidas, quien buscaba darse una alegría submarina con el primer incauto a tiro.

El abuelo, alarmado, intentó advertir a la gente: "Atención, alguien está por ser puerteado mar adentro. Hagan algo. Si es necesario, me lanzaré yo al rescate."
Digo "intentó" advertir, porque lo único que escuchó la familia fue algo así como "Paaapa, quiere paaapa. Abú, abú, iea iea iea weee pipí!". El Alzheimer, naturalmente, le pudo. Así que el abuelo puso primera y pisó el pedal, dirigiendo la silla de ruedas en dirección a las aguas. La boina se le voló. Su cuero cabelludo no pudo hacerle frente al sol (era la primera vez que veía luz en varios años), y al instante comenzó a burbujear. El abuelo aceleró, y llegado a la línea del agua, clavó el freno de mano, y salió despedido en dirección a las olas, que arrastraron su débil humanidad corriente abajo, y nunca se lo volvió a ver hasta meses después que reapareció en las costas del Peloponeso y salió caminando algo desorientado. Pidió un café, y cuando se enteró que nadie jugaba a las bochas por ahí, fue hasta el agua y de dejó a la deriva a ver a dónde lo llevaban las corrientes marinas.

¿Qué pasó, se preguntarán ustedes, con el bañero perseguido? Fue alcanzado, y apoyado. Le gustó. Ahora vive feliz en pareja con el guardavidas en una pequeña cabaña en la playa. Todos los jueves van al cine, y los domingos a última hora hacen las compras juntos para toda la semana. Adrián siempre le hace el caldo con puerro y verdeo que le encanta a Gerardo. Son felices.

Juliancillo agrega, empuñando un muñeco de Ken:
- Barbie! No tienes pezones!
Juancillo responde, con voz de dibujito animado:
- Me descubriste Ken. Soy extraterrestre.
- Ay que alivio. Yo soy robot.
Ellos también son el uno para el otro.

Moraleja: si tomás agua te sentís bien, si tomás Dasani te sentís mejor.

Y ahora la solución a la duda que quedó picando: no, Barbie no tiene el mismo color de pelo abajo. Es rubia teñida, ¿había alguna duda?

2 comentarios:

Wet Biscuit McGlee dijo...

Vos

Ramireo dijo...

"...que arrastraron su débil humanidad corriente abajo..."

magico =)