28.2.09

Por el fondo pasa una poronga


Mi primer intento con After Effects.

24.2.09

Pork Chop Sandwiches

Encuentros Cercanos del Tercer Tipo

Encontrarse con una inteligencia superior siempre toma un cierto tiempo para acostumbrarse sólo a vivir con el recuerdo de ese encuentro - le digo a Rubén, que intenta no perderse nada de El Curioso Caso de Bénchamin Baton.

Empecemos por el principio. Fue un fin de semana inusitadamente caluroso. La Interporn no había funcionado esos días.
Era domingo a la noche, y el problema era acuciante, porque al otro día venía gente a laburar. Fui al cyber a terminar un trabajo urgente, y cuando estaba de salida, me quedé charlando con el dueño de tan lastimoso antro. Le conté de mi problema, y él dijo aquellas palabras, "si no le encontrás la vuelta, llamalo a El Ingeniero".
Y ahí estaba, en la pc central tratando de hackear el PornBlock, El Ingeniero. Un halo de luz celestial lo coronaba. Lo saludé y agendé su número.

Aproximadamente dos horas más tarde, habiendo intentado todas las posibles combinaciones de configuraciones que se me ocurrían, la Interporn seguía como judío en un entierro. Así que llamé a El Ingeniero. Y vino.

Fue con tono jocoso que me preguntó "el modem siempre está así boca abajo?" y fue con tono curioso que yo le respondí "em sí".
El Ingeniero se arrodilló, apretó un botón oculto, y cuando se incorporó ya había, mágicamente, Interporn. Ese botón oculto no lo sería así si el modem viviera boca arriba, pero aún así El Ingeniero, pienso, no debe haber dejado de pensar "¿a los retrasados mentales se les cobra menos?".

De gaucho nomás, El Ingeniero peló un Live CD de Mandriva y lo corrió en la PC de mi padre, para investigar la causa de su lentitud. Cosa que logró.

El Ingeniero y yo hablamos un rato de cosas locas, como Open Source, bases de datos, la vida, el amor, los astros y los sueños. Llegado cierto punto de la conversación, El Ingeniero menciona, como quien no quiere la cosa, que trabaja para Google.

En ese momento, señores, les diré que se me detuvo el cooler. Un técnico de Google en mi propia casa, esto era perturbador. Me invadió una oleada de cataplaxis que me dejó tan idiota como una publicidad de Colgate.

Pronto después de eso nuestra entrevista se dió por finiquitada por un desembolso de $80, que yo considero bien pagados.

Ésta es la historia de El Ingeniero un personaje de adoración, cumbre de mis deseos y génesis de mis emanaciones. El Ingeniero es más que un hombre, es un concepto, un ideal, un espíritu de valentía en el pecho de los argentinos que nos impulsa a seguir adelante cuando toda la esperanza se apaga.
Sólo podemos hacer camisetas con una estampa de su cara y rezar por que algún día, desde lo alto, nos sonría y nos apriete a todos el boton de reset que tenemos oculto allá donde no nos da el sol.

Y, como yo sabía que ocurriría, Rubén ya completamente desentendido de la película, se puso de rodillas y me besó las manos con que había tocado a El Ingeniero.



El Ingeniero.

21.2.09

Cuando las cosas salen mal

Mirá - le comento a Rubén, muy canchero, cruzando las piernas como si estuviéramos tomando un café en el más porteño de los bares - la cuestión fue más o menos así. No fue mi intención golpear a ese rottweiler. Tampoco lo fue usar el lanzallamas en ese pabellón de preescolar. Son cosas que le pasan a cualquiera cuando enciende su PC y el sistema se empieza a caer.

Reviví el día desde el principio, desde que el Google Chrome me escupió, me insultó, deshonró mi linaje, al otorgarme un error y luego decir "Aww, Snap!".
Dije "fuck it" y proseguí a instalar el Morcilla FuegoZorro tres.
Luego la Internéc desapareció en el medio de una muy importante conversación con Hermana de SDU-7. Al reiniciar mi Computadora, el sonido de bienvenida de Windows se demoró por uno o dos minutos, lo cual no es muy buena bienvenida que digamos.
Aproximadamente dos quinceavos de cuarto de hora más tarde, me es presentado un diálogo con un countdown seteado en 1 minuto que dice "guarde todos sus documentos, Windows se apagará".

Fue entonces que puse un anuncio en la cartelera pidiendo a todos los IT Technicians del Reino que acudieran a solucionar mi problema. Aquel que pudiera, recibiria la mano de mi hija, mas ninguna otra parte de su cuerpo.

Nadie pudo. Gran alivio para mi hija, pero gran contratiempo para Mí.

Les escribo desde un Live CD de Ubuntu 7.10. Estas son las palabras de un hombre sin fe. Mientras tipeo, en otra computadora tengo bajando Mandriva One, con la débil esperanza de que tal vez, solo tal vez, corra la Adobe Creative Suite 4 bajo Wine (cosa que según El Ingeniero, no debería ser ningún problema. Para más información sobre El Ingeniero, lean el post que todavía no escribí).

Algun día, mi amor.

- "Algún día, mi amor." - concluyo mi relato. Rubén me mira como se mira al negro que te limpia el parabrisas aunque le decís que no.
- No sé quién sos ni por qué me contas esto acá. ¿Me dejás ver la película?
Y de esa forma Rubén, o para mí que se llamaba Rubén, me dejó a mis cavilaciones en mi butaca y volteó para seguir viendo Madagascar 2. Qué mundo pequeño.

15.2.09

Un sable en el Aire

Por otra de esas curiosas coincidencias que sólo suceden en las leyendas, en el mismo instante que Pergo descifra su propósito, y el propósito de su viaje, el Mardigrás de Carlbabia libera de su agarre a la gaviota que lo llevó hasta ahí, y el plumífero en cuestión asciende hasta la estratósfera como consecuencia.
¡Ñelfo! profiere el crudo hombre. ¡Aléjese del calefón místico, returne a la Corte, tal vez le permome la vida!
No es tal cosa, dialoga Pergo. Acérquese, vea bien aquéllo.
Es esto un járbol felgurente, ¿qué de con él? acota el desnudo Mardigrás.
Es un járbol, dudas hay no. Pero es más grande el asunto. Espuche atentamente.
Así lo hace el Mardigrás. Escucha, y árbol susurra.
Pergo confirmale: este járbol felgurente es Lo Todo. La noche y los días, la tierra y las aguas, la jistoria y las batallas.
¿Qué Iperbora es esta? acusa el Mardigrás, con repentino pánico. ¿A qué tiempo nos has viajado, Ñelfo, tú?
Vea, Pergo tranquiliza, vea el cielio. Las éstas estrellas nunca cursaron el cielio de Carlbabia. Aventuro que nos he viajado al principio de los tiempos, o bien al final de los tiempos. Si retrocediamos o avancitamos, éso no lo constato. Pero vea ahora, vea el járbol.
El Mardigrás obedeciele, pues es su Ñelfo no por nada.
¿Son ramas aquello sobre nosgotros?¿O son acaso raíces? Aventuro, pues, que encontrámosnon en la otra parte de Carlbabia, aquélla que no es visisible. Atienda ahora, si es tan abable, mire al piso.
¡Válgame! exclama el Mardigrás. ¡Éste járbol pende de un jilo!¡Podramos tenerlo para nosgotros! Camibiar la jistoria, traer brosperidad y richesas a Carlbabia, crecer y ponquistar Iperbora.
Jái, podramos, asintió Pergo. El járbol felgurente está aquí con ese porpósito. Es mismísimo por eso que no podemos tobarlo. La jistoria y la tierra tienen un curso naturial. Y es ése aquél mi porpósito y el porpósito de mi viaje: llegarme aquí para no tobar este járbol.

El Mardigrás lo piensa sumamente; entonces, surte a Pergo un catús de proporciones épicas, y lo inhabilita para moverse. A continuación acércase al pié del árbol, aquél que es fágil como sólo puede ser frágil el balance del mundo, el tiempo y los elementos. Sin embargo, un chillido torbo lo hace volver en redondo y del fondo del hongomóvil se desprende Cletus el Segundo Hombre en Armas, ya con sus ropajes ya secos.
El Mardigrás estira su maño para desenfundar el sable reglamentario, pero sólo encuentra una nalga, la suya propia. Cletus, sin embargo, todavía guarda el suyo en su funda, cariñosamente apodada traga.
Mientras la cabeza cercenada del Mardigrás traza un arco en el aire, Cletus, quien tiene todavía órdenes específicas de hacerse mierda, lanza el sable hacia arriba. Gira hacia Pergo y le dice: o nsinu nvuoros iny tystäv äkukat.

Momentos más tarde, el sable se hunde en su cabocha. Eventualmente su cadáver se convierte en compost, que no es mierda pero casi casi, y en el mismo lugar donde muere, florece una hermosa y solitaria zez.
Pergo, ya arriba y caminando, da un medio de vuelta y se aleja, y cuando el Sol 1 quiebra el horizonte, muta en una luzviérnaga. De vez en cuando otro Iperbóreo lo ve pasar, y se siente en un mar de estrellas.

14.2.09

Capital de Antibabia

El Océano Dártago está a varias kiloaxilas de la cara oeste de Tuctú, la que mira a Carlbabia. Va en contra de todas las probabilidades que al ser succionados por el tifón, Cletus y su desnudo amo sean dejados en un pequeño bosquecillo en los lindes de la montaña. Así todo, es precisamente en un pequeño bosquecillo en los lindes de la montaña donde el tifón los libera. Va también en contra de todas las probabilidades que se topen con un pantano de colores chillones en donde el Ñelfo a quien estaban buscando se sumergiría dentro de algunas horas. Todavía es de día.
El Mardigrás, fresco como una hoja de lechubia, camina ágilmente por entre los patrones de belleza algebraica que forman las raíces de los árboles. El Segundo Hombre en Armas Cletus, quien no había sido tan cauto de sacarse la ropa, lo sigue a duras penas, pues las ocho capas de terciopelo que son costumbre en el guardarropas cotidiano del hombre civilizado ahora están empapadas.
Mátese, lo instruye el Mardigrás mientras se detiene en seco. Si no puede seguir mi paso de gacela ya no hace a la causa. Ha servido valientemente. Ahora mátese. Hágase mierda.

Es de noche, y retomamos la historia de Pergo. El hongomóvil se mueve ahora a velocidades vertiginosas, en línea recta a la luz blanca proveniente del sitio donde Carlbabia debería de estar. Rayos dorados pasan a sus lados, y aunque en realidad son inocentes luzviérnagas que nada saben de changuitos, ciudades ni carlbabias, Pergo se siente navegando un mar de estrellas, pues todo es borroso, es como un candombe de emoción.
Emoción por el morrón.
La luz en la distancia, es ahora una luz no tan en la distancia, y toma la forma de un árbol alto como un taño y grosso como un modo. Un árbol que emana un brillo frío y cortante, que acapara toda la atención del firmamento. No tiene hojas, sólo ramificaciones nudosas y caóticas. Y le habla a Pergo, le habla en círculos.

...parast amit ävo itehdä. Jotk akaikk inäette, o nsinu avarten. Tehd äoma nolemassaolo ntäällä, parast amit ävo itehdä. Jotk akaikk inäette...

Y Pergo puede sólo mirar el árbol, porque el árbol es todo. Es Iperbora, y el tiempo en Iperbora. Es los dos soles, es lo que hubo y lo que habrá. Es cada gota de energía en las plantas fosforescentes, cada número de la revista Ovejero Alemán. Cada nube y cada pétalo poronguiforme.

13.2.09

Hongomóvil

Sinull eo ntarkoitukseen. Voi tvälkynt äe iol evaihtoehto, susurran los árboles y el viento a Pergo. Pergo se sube a su taburete y se lanza de un clavado al pantano lodoso. Sólo que en lugar de el lodo blancuzco del que hubiera esperado verse cubierto no lo toca, pues Pergo pasa a través de la superficie y aterriza sobre un colchón esponjoso y húmedo con aroma a Frutos del Bosque, en una caverna algunos metros por debajo del pantano.
Dicho colchón resulta ser la cabeza de un frondoso hongo, y dicho hongo ahora se mueve a lo largo de la cueva, como si hubiera esperado la llegada de Pergo durante miles de años luz. En la parte inferior del hongo, sin embargo, algo se está cocinando.

Un tifón en la distancia se llevó a una cabra. Eso es todo en lo que puede pensar Cletus, quien, montado sobre un dandelio junto con el Mardigrás y flotando a la deriva visualiza un tifón en el medio del Océano Dártago.
Temiendo por su vida, se apresura a coser tapioca a toda volecidad, mientras el Mardigrás con una calma inusual se despoja de sus pojas y se despija de sus vergüenzas¹.

Pasado un largo rato mientras Pergo viaja a lomo de hongo, el aire comienza a hacerse menos húmedo y pesado, y en el techo del túnel subterráneo aparecen ahora raíces, cada vez más largas a medida que avanzan. Finalmente y sin previo aviso, irrumpen en la noche abierta, y Pergo se maravilla, pues una estela de nebulosas, estrellas, cúmulos, halos, auroras, cuásares y lluvias de meteoros recubren la bóveda celeste, y él es incapaz de reconocer a la mayoría. Busca la Estrella del Poniente y la localiza a unos 120 dragos de separación gangular de donde la viera la noche pasada.
El hongo sigue desplazándose suavemente colina abajo, y Pergo reconoce el valle como el suyo propio, solo que donde debería estar Carlbabia no la hay; en su lugar hay una luz blanca tan penetrante que duele mirar.

¹ N. del N.: expresión coloquial muy en boga en Carlbabia. Hay una anécdota muy poco interesante detrás de esto, tanto es así que el último que intentó recordarla quedó en un coma de aburrimiento. Basta aclarar que usé esta expresión para ilustrar la situación de desnudarse de forma pintoresca y acorde a las añoranzas costumbristas del Mardigrás.