Hipólito Yrigoyen y el caso de Nana Manisquilla
Hipólito Yrigoyen se agazapaba en cuclillas detrás de un cartel de neón que rezaba "Drink a Trombi". Hipólito Yrigoyen buscaba una posición cómoda; un reciente caso acerca de una virginidad perdida le había dejado la colita como un hamburgefontsiv. Hipólito Yrigoyen se preguntaba quien lo mandaba a realizar estos encargos, y al mismo tiempo comprobaba la munición de la submachinegun recortada. Hipólito Yrigoyen hacía todo esto porque del otro lado del burdel, 4 chinos lo estaban acribillando a tiros.
- ...oronga larga como mi brazo, te digo que era monstruoso...
Hipólito captaba fragmentos de realidad, todavía muy embotado para percibir más que pantallazos, murmullos, una palmadita en las pompis o un chino de dos metros mirándolo con apetito.
- ...construyeron un hospital sobre la pierna derecha, hacía mucho que n...
Alguien lo arrastraba.
- Bueno, ¿y si lo ponemos en cuatro? Yo voy primero, despues vos. - Hipólito Yrigoyen recuperó vitalidad en un abrir y cerrar de pija:
- ¡NO!¡DE NUEVO NO!
- No de nuevo, decía... - confirmó uno de los chinos. Estaban en una oficina onda mafia, con una mesa de billar, un gran escritorio y un potus que.. un momento, eso no era un potus.
- ¡Marihuana! ¡Pero eso es ilegal! Mis institntos me dicen que no estoy ni en una tintorería ni en una cancha de paddle.
Lamentablemente a Hipólito le faltaba quorum, bastante quorum, porque era uno contra dieciséis. Maldijo a las estadísticas, las mismas estadísticas que lo habían ayudado a derrotar esos 4 chinos en el burdel.
- Bueno señor Manisquilla, está todo en el resumen del caso, pero por ahora le diré que no debe preocuparse más por su abuela de 5 años, está en un lugar seguro y no tiene recolección de los sucesos. De hecho, piensa que es un bull terrier.
- ¿Va a tener una muerte digna y pacífica al menos?
- Lo dudo. El capataz es un hombre sin barreras.
- Bien, supongo que no hay nada que pueda hacer por mi abuela. Sus honorarios, señor Yrigoyen.
- ¡Con este dinero finalmente puedo salir de este vertedero!
- ¿Planea mudarse a Villa El Concho a buscar fortuna?
- No, llamar a un cerrajero; literalmente hace meses que estoy encerrado en esta oficina.
Bueno, esta historia tiene muchos agujeros, el más importante de todos: ¿cómo puede ser que haya entrado el señor Manisquilla a la oficina de Hipólito si la cerradura estaba rota hace meses? Y no tan importante: ¿cómo se libró Hipólito de sus captores y resolvió el caso de la abuela desaparecida? Especulen en los comentarios, el que se luzca se gana su lugar en este cuento.



