Prepúsculo
Siempre fue la rara de la clase. Tal vez se deba a mi piel cetrina y mis cabellos mohosos, o capaz fuera por almorzar siempre cascotes a la crema que todos los Chicos Populares me gritaban desde sus camionetas y me perseguían por el bosque con lanzas y antorchas. Además por aquél entonces yo tenía la compulsión de gritar "gesundheit" cada ocho minutos quince segundos.
"Nada de llevar cocaína en un preservativo en el ano", me había dicho mi madre. Esas fueron sus últimas palabras antes de dejarme en el aeropuerto con un pasaje de ida a las Islas Caimán.
Cuando arrivé, mi padre me esperaba. Era un buen hombre que dedicaba su vida a imitar a Freddie Mercury. Como buena preadolescente, es mi deber sentirme incomprendida y alienada, y cuando me quiso abrazar, corrí hacia el auto gritando que nunca me dejaba respirar. Me metí en el baúl y lloré, porque eran muchos cambios juntos, y yo tenía muchos miedos e inseguridades.
Alfredo Mercurio me dejó salir cuando llegamos a la que sería mi nueva casa.
"Tu regalo de bienvenida" dijo, entregándome una caja de cambios. Evidentemente la había arrancado usando un remolque o alguna herramienta bárbara parecida, y pertenecía a mi nuevo auto. No sabía cómo agradecerle, y las emociones que sentí eran tantas y tan complejas y maduras que las exterioricé golpeándolo en las gónadas y encerrándome en mi habitación. A llorar.
Nota de Nacho: en este punto dejé el libro; lo archivé junto con las demás armas de destrucción masiva que guardo abajo de la cama. Lo que sigue es lo que yo recuerdo de la película.
Ah, mi nombre es Bella. Y lo odio, odio, odio.
En mi primer día de clases me sentí abochornada, humillada, repudiada y marginada. Todos fueron muy amables conmigo.
Conocí a un flaco que (a mi no me engaña) debe tener como 32 años. Su nombre es Edward Cullen, y cuando lo veo me vibra la chocha.
Un día me harté de que no me diera pelota (porque yo soy especial e interesante, y la gente debería prestarme atención) y lo rocié con mi pepper spray. No hizo efecto, y ahí lo descubrí: Edward Cullen era un vampiro. :O
Al instante nos enamoramos. Él me llevó a un bosque loquito y la piel le centelleaba como si estuviera recubierta de brillantina. Seguro anduvo de trolas.
Pero Edward tenía un lado oscuro. AY no, qué asco, eso que estás pensando no. Lo que quiero decir es que como era un vampiro, siempre estaba tentado por chupar sangre. De vez en cuando se clavaba un antílope y quedaba re puesto.
Me llevó a conocer a su familia, y jugamos al futbol 5.
De 3 cosas estaba segura:
- Ese tal Edward era el mismo que actuó en Harry Potter, pero peinado más mogólico.
- Jamás podría conducir mi auto sin palanca de cambios.
- Me hice caca.
Todo esto me hacía muy feliz. Estaba enamorada de un vampiro hollywoodense, y por primera vez en mi vida me sentía aceptada. Hacía meses que no lloraba. Esto me puso triste, así que golpié a Alfredo Mercurio en la rodilla y me encerré en mi cuarto. A llorar.
Un día tuve mi período y me morí. El forro de Edward olfateó la sangre y me manducó como un antílope.
Fin de la saga. A que fue mas entretenida que la original, digan la verdad.